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Recursos inhumanos (trabajo y dolor crónico)

La discapacidad, que custodia por el hecho de tener una enfermedad, puede dar lugar a tantas situaciones personales como formas y caras tiene el dolor.

La novela, Nos vemos allá arriba, conjuga dos realidades: por un lado, los denominados “recursos humanos” (RRHH) de las empresas privadas o públicas, y por otro el encaje insuficiente y tantas veces inexistente, en la mayoría de los casos, de ciertos trabajadores discapacitados, en este caso por una enfermedad llamada dolor crónico, la cual merma las facultades físicas pero no siempre tiene porqué apartarte del sector productivo de la sociedad, del mercado laboral.

Tener una discapacidad puede suponer ver mermadas ciertas funciones pero puedes seguir aportando una labor acorde a tu situación. De hecho los departamentos de RRHH de las empresas mayoritariamente consideran que las personas con discapacidad pueden seguir desarrollando labores técnico profesionales en las mismas y que estén adecuadas a lo que ellas demandan, pero al final no contratan a esas personas.

Hechas estas consideraciones, cualquier enfermo de dolor crónico, le gustaría ser como aquellos discapacitados para los que no existen barreras a su desarrollo personal y profesional, incluso en el ámbito deportivo.

El asombro es proporcional al esfuerzo de quienes ya sea en el deporte paralímpico o en la vida diaria llevan su discapacidad hasta lo que se podría calificar como inhumano cuando no debería ser así. Tu discapacidad no la eliges como tampoco si conlleva dolor o no, no somos nadie para juzgar a la deportista paralímpica belga Marieke Vervoort, un ejemplo para millones de personas a través de su estoico desafío al dolor incesante durante 24 años a la que se le acabaron las fuerzas para seguir. ¿Qué es lo inhumano? No lo es su decisión, sino el dolor que llevaba soportando.

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